La moda es un statement, una forma de comunicarnos con los otros, es una manera de mostrar nuestro interior, ¡Qué paradójico! ¿no?, que algo que nos tapa el cuerpo, realmente desnuda el alma.

 

Crecí en una casa en la que se portaba ropa tradicional, ropa hecha en casa, o manda a hacer, lejos de la ilusión y el afán que generan las marcas. Obvio cuando llegué a la adolescencia moría por comprar en Zara tener mis chanclas Hollister y mi blusa Abercrombie. 

 

Luego fui creciendo, me volví diseñadora justo en ese momento, México pasaba una por una ola de revalorizar lo artesanal, el gremio del diseño volteaba a ver las técnicas artesanales como parte de esa tradición ancestral, entraba en ese diálogo entre las corrientes estéticas europeas y el rescate por lo mexicano un diálogo que aún no está terminado y se sigue ejercitando en el gremio del diseño.

 

Con el pasar del tiempo y lo aprendido en mi casa mi clóset se ha configurado en una mezcla muy particular con ropa occidental esa que viene de del fast-fashion, ropa artesanal, prendas bordadas por mujeres y hombres mexicanos que traspasan su tradición y que la mantienen viva, en estas obras de arte que llamamos huipiles o hipiles, y otra buena parte ropa mandada hacer o hecha en casa. 

 

Desde hace unos años salí del país, migré, como tantos mexicanos y hoy continúo asesorando y vistiendo con tanto orgullo a estas prendas que me recuerdan a mí México. Para mí, estas prendas se han vuelto una forma de mostrar quién soy, de ponerle el color literal y metafóricamente a mi día a día. 

Al final del día, nuestros clósets se convierten en nuestros manifiestos, una expresión de quienes somos. Es un recordatorio constante de que la moda es ¡una historia viva que llevamos puesta!

¿Qué historia cuenta tu guardarropas? Me encantaría leerte en los comentarios.

 

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